Tabacalera de García

Las Marcas de la Tabacalera: Montecristo

por José Seijas

La marca Montecristo nace, el año 1935, en la Fábrica de tabacos H. Upmann de La Habana, Cuba, que pertenecía a las familias Menéndez y García.

En aquella época, existía la costumbre de leer novelas y periódicos a los torcedores de cigarros durante su jornada de trabajo. La novela favorita de los trabajadores de la fabrica H. Upmann era el Conde de Montecristo de Alexandre Dumas. Según la tradición, cuando los empresarios Menéndez y García decidieron lanzar una nueva marca de la más alta calidad, pensaron en realizar una encuesta entre los trabajadores de la fábrica para darle el nuevo nombre; la historia cuenta que todos los tabacaleros, apasionados por las aventuras del inmortal personaje de Dumas, eligieron llamarla Montecristo.

Poco antes de la revolución cubana de 1959, Pepe García, dueño de la marca Montecristo, huyó a la isla de Gran Canaria y allí fundó su nueva fábrica de puros, la Compañía Insular Tabacalera, llamada popularmente la “Fabrica de los Cubanos”. En su exilio llevo consigo a varios de sus colaboradores, que fueron responsables de mantener la histórica calidad de los Montecristo, así como de crear las ligas de muchas otras marcas que se hicieron famosas durante los casi treinta años de actividad de esta fábrica. Con la muerte del General Francisco Franco (1975), cambiaron las condiciones económicas de las Canarias y la producción fue trasladada a La Romana. Nació así la Tabacalera de García, herede y custodio de una tradición artesanal de excelencia, que estamos orgullosos de haber contribuido a mejorar, perfeccionando los ya altísimos estándares de calidad que distinguen a todas nuestras marcas y, de una manera especial, a Montecristo. Gracias  a esa obra de gran labor y pasión, los puros Montecristo han consolidado su reputación como uno de los mejores cigarros del mundo… compitiendo en fama con la propia novela.

Hoy, Montecristo ofrece sus puros en las célebres ediciones Cabinet Selection, Classic, White Label y Platinum Series.

La Tabacalera, Su Gente: Como Nace el Cigarro Perfecto (1ra parte)

Visita Guiada a la Tabacalera de García, en la Zona Franca de La Romana. Es considerada la Fábrica de Puros Premium Más Grande del Mundo: casi 4,000 dependientes y hasta 45 millones de Cigarros Torcidos por Año. Con Antiguos Métodos Artesanales, Produce para Prestigiosas Marcas de Fama Mundial, tales como Motecristo, Romeo & Julieta y H. Hupman, entre otras.

por Flavia Anelli

Obrera con hojas de tabaco para capas

La visita a la Tabacalera de García, la fábrica de cigarros Premium más grande del mundo, nos lleva al corazón de una tradición artesanal que se mantiene sustancialmente inalterada desde hace unos 150 años. La elaboración de los tabacos (como se suele llamar a los cigarros aquí y en Cuba) es un procedimiento casi totalmente manual ya que se admite solo el uso de maquinarias muy simples necesarias para poder garantizar el mejor producto, es decir el cigarro perfecto. En esta fábrica, de hecho, nacen los cigarros de las marcas más renombradas mundialmente, tales como Montecristo, Romeo y Julieta, H. Upmann, VegaFina, Onyx, Trinidad y Don Diego, entre otros.

José Seijas, Director General de TDG, nos explicó la importancia fundamental, en este trabajo artesanal, de un “especial entendimiento” entre los tabaqueros; tiene que existir entre ellos un espíritu de colaboración, porque cada fase de la producción es igualmente importante para el resultado final. En consecuencia, la perfección de los cigarros está en las manos de la Gente de la Tabacalera colectivamente: una gran familia de cerca 4 mil personas que, con su gran profesionalidad, ha llevado a los puros dominicanos a competir fuertemente con el producto cubano, elevando por encima de este los estándares de calidad, mejorando precios y consiguiendo un creciente éxito en el mercado.

La fábrica, en la Zona Franca de La Romana, se presenta muy limpia y organizada. Por la oficina de la Dirección hay, a cualquier hora del día, un gran tráfico de empleados, clientes y huéspedes. Aquí, todas las puertas quedan siempre abiertas. Todos se saludan con gran cortesía y una amable sonrisa. Mi guía en este recorrido en el mundo del puro será Marisela, la joven y hermosa Asistente de Dirección encargada de los tours en la tabacalera. Habla español, ingles y francés; también estudia alemán. Me cuenta que tiene “solo” tres años en TDG y le gusta su trabajo (como confirma su permanente alegría). “Varios  entre mis colegas – dice, mientras cruzamos la enfermería – tienen mucho más tiempo aquí; algunos, veinte o treinta años… Es como una familia. La fábrica ha mejorado la vida de muchas personas garantizándoles seguridad económica y asistencia social. Tenemos además una Fundación entre todos los empleados que desarrolla, en colaboración con la Tabacalera de García, útiles proyectos (como escuelas, guarderías etc.) en los barrios más necesitados de nuestra gente”.

Después de una rápida visita al comedor, llegamos al área operativa de la fábrica, donde mi simpática guía empieza a darme las informaciones básicas, necesarias para entender las diversas fases de elaboración de un cigarro Premium. Me explica – mostrándome un Romeo y Julieta – que el puro está compuesto por tres partes, cada una correspondiente a un diferente tipo de hojas de tabaco. La tripa es el contenido del cigarro, el núcleo de donde surgen el aroma, el sabor y la fortaleza. La tripa está compuesta por diferentes clases de hojas, cada una con propiedades distintas, que forman la liga o ligada – la “receta” secreta que caracteriza cada marca de cigarro. La República Dominicana – me cuenta Marisela – con sus plantaciones en el Valle del  Cibao, es el primer país del mundo en volumen de cultivo de tabaco para tripa, porque su clima y su suelo son los más parecidos a las condiciones cubanas. TDG, aún y así, compra los mejores tabacos en todo el mundo. El capote - sigue diciendo mi guía – es la hoja que envuelve la tripa para darle la forma cilíndrica y tiene principalmente esta utilidad práctica, ya que influye poco en el aroma, el sabor y la fortaleza del cigarro. Lo que se busca es que sea resistente y sujete bien la tripa; si es posible, que añada algo de aroma y combustibilidad al cigarro. La capa - dice indicando el cigarro – es la hoja externa que cierra el puro y está en contacto directo con la boca del fumador; por eso, su propio sabor (más que el de su humo) es importante por el regusto que confiere a la fumada. Pero, sobre todo, vale su aspecto, que debe verse lo mejor posible: color uniforme, textura suave y sedosa, y pocas venas no marcadas.

Mientras escucho fascinada la interesante explicación, llegamos ante una gran puerta cerrada por una cortina de anchas tiras de plástico semitransparente. Detrás está el alma de TDG, los secretos de su tradición, su gente trabajando para el cigarro perfecto. Al levantar la cortina nos rodea una blanca nube de vapor y un fuerte olor de tabaco muy especiado. Se distinguen solo algunas figuras moviéndose en el candor de esta espesa niebla y se oye un fuerte ruido parecido a una gran fuga de gas. Marisela me mira y sonríe. Entramos… (Fin de la 1ra parte).

La Tabacalera, Su Gente: Como Nace el Cigarro Perfecto (2da parte)

Visita Guiada a la Tabacalera de García, en la Zona Franca de La Romana. Es considerada la Fábrica de Puros Premium Más Grande del Mundo: casi 4,000 dependientes y hasta 45 millones de Cigarros Torcidos por Año. Con Antiguos Métodos Artesanales, Produce para Prestigiosas Marcas de Fama Mundial, tales como Motecristo, Romeo & Julieta y H. Hupman, entre otras.

por Flavia Anelli

… Entramos en la candida nube de vapor dirigiéndonos hacia las personas intentas a trabajar en esta sala semejante a un gran baño blanco; sin embargo, la atención se concentra sobre algunos tabaqueros con algo de oscuro en la mano que se agita rápidamente… como un pollo agarrado por el cuello. Nos acercamos para descubrir que no se trata de plumas, pero de un fajo de hojas de tabaco revoloteadas con expertos movimientos de la mano contra de un fuerte chorro de aire y agua nebulizada.

“Ésta es una parte del procedimiento que se define de humidificación” – me explica Rufino Ruiz, que mi guía Marisela me presenta como el responsable de este sector. “Así se aporta un preciso nivel de humedad necesario para regresar en vida las hojas de tabaco para capa. Éstas llegan a la fábrica deshidratadas, tras del añejamiento en las fincas, en grandes pacas; se separan con mucho cuidado para no dañarlas porque son destinadas a tener la mejor apariencia para envolver externamente el cigarro. Para recuperar su flexibilidad y sedosidad, por primero, se les moja la cabeza” – dice, indicándome algunos trabajadores intentos a inmergir la parte superior de los fajos en una antigua bañera de metal esmaltado, llena de agua. Tiro algunas fotos a esta gente – herede de una tradición centenaria – que trabaja serena, dispuesta con gusto a una sonrisa para mi cámara. “Después de un tiempo de reposo que permite a la humedad de penetrar en el tabaco – sigue explicando Rufino – se pasa a la moja con agua finamente pulverizada, que ya hemos visto. Finalmente – dice, mientras Marisela me invita a avanzar – las capas se llevan a una sala de oreo, especialmente acondicionada con potentes ventiladores, donde se ponen los fajos por algunas horas para que la hojas alcancen uniformemente la humedad requerida”. Entramos en esta cámara donde las hojas de tabacos están pintorescamente colgadas sobre largos palos de madera hasta unos cuatros metros de altura. Tomo algunas en la mano; tienen una textura perfecta; las acaricio: son suaves como la seda. Rufino tiene 35 años trabajando en la Tabacalera de García – me cuenta con el orgullo de quien conoce el valor de su fábrica y de sus marcas, así como la importancia de la alta profesionalidad también de su equipo en la elaboración del cigarro perfecto.

Sigo mi recorrido con Marisela hasta una grande sala en la cual – me explica – los despalilladores, con la ayuda de simples maquinas, cortan la vena central o palillo, dividiendo la hoja de tabaco en dos mitades. Las obreras son rapidísima con su rítmico trabajo y no se paran ni posando para una foto. Me quedo un rato hablando con Ramona, que trabaja en TDG hace 15 años y cuando empezó tenia un hijo. “Llegue a la Tabacalera de García que no sabia nada de este trabajo, me enseñaron todo aquí” – dice. “Hoy tengo tres hijos que se han criado en la guardería que la fabrica contribuye a pagar por la mitad del costo; ahí son cuidados, nutridos y reciben clase escolar”. Se me presenta también Ana Ubiera, que trabaja en la fabrica hace 30 años y tiene 4 hijos; después de 13 años como simple obrera, 8 como supervisora y 7 como superintendente, hoy dirige el trabajo de 104 obreros, por la mayoría mujeres. Me cuenta que aquí nada anda perdido porque algunos obreros recolectan los palillos, así como todos los otros desechos de tabaco producidos durante las fases siguientes, para destinarlos a una fábrica de cigarros industriales de Puerto Rico.

Despalilladoras

En la sala de clasificación las hojas de la capa son sujetadas a control de calidad y selección por tamaño y color; superintendente de esta área es Manuel José, en la TDG hace 36 años, que coordina el trabajo de 55 mujeres. El aroma de un puro me anuncia la llegada también de Néstor Rodríguez, supervisor general de este sector. Fumando con elegancia un Vega Fina by Seijas, su cigarro preferido, me cuenta que ha nacido en Higüey y que su familla cultivaba tabaco. Después de la universidad, encontró empleo en la Tabacalera donde se ha quedado por 31 años. “Durante este tiempo – dice – la fábrica ha crecido mucho pero siempre manteniendo los antiguos métodos tradicionales que son garantía de verdadera cualidad. Nuestro alto nivel de control viene aplicado ya en las primeras fases; ésto necesita de un serio entrenamiento de nuestros obreros y de una atenta selección”. Pregunto a Néstor cuales son los requisitos para empezar a trabajar a la TDG. ‘’Solamente el deseo de aprender y la capacidad de adaptarse a la disciplina de una grande empresa con elevadísimos estándares de calidad – me contesta. Aquí se vive y se trabaja todos en armonía para realizar el mejor cigarro de mundo” – concluye con una sonrisa.

La Tabacalera, Su Gente: Como Nace el Cigarro Perfecto (3ra parte)

Visita Guiada a la Tabacalera de García, en la Zona Franca de La Romana. Es considerada la Fábrica de Puros Premium Más Grande del Mundo. Con Antiguos Métodos Artesanales, produce por Prestigiosas Marcas de Fama Mundial, tales como Motecristo, Romeo & Julieta y H. Hupman, entre otras.

por Flavia Anelli

Acompañada por mi preciosa guía Marisela, llegamos al departamento donde se prepara la liga o ligada, es decir la mezcla de tabaco que compone el interior del cigarro: la tripa, el alma del puro, de donde surgen su aroma, su sabor y su fortaleza. Ivan Jimenez, maestro tabaquero en la fábrica desde hace 20 anos, es el supervisor de esta área. “Aquí – me explica – se combinan los diferentes tabacos para preparar la liga que compone cada marca de puro”.

“Hay varios tipos de tabacos – sigue – con diferentes características; y también hay que saber que las hojas de una misma planta tienen propiedades distintas. La planta del tabaco se puede dividir en tres partes: el pie, el centro y la corona. De la base se cosechan las hojas más viejas, que dan un tabaco llamado volado o fortaleza 1: tiene poca fortaleza, poco contenido de nicotina, poco aroma, aportando especialmente combustibilidad a la ligada. Del centro de la planta se obtiene el tabaco seco o fortaleza 2, más fino, con mayor contenido de nicotina y resinas, más fortaleza, menos combustibilidad (debido a las resinas) y mucho aroma. La corona tiene las hojas más nuevas y produce tabaco ligero o fortaleza 3, de mayor fortaleza (contiene más nicotina), más sabor, menor aroma y poca combustibilidad (tienen muchas resinas)”.

Cada liga se pone en una diferente caja

“Combinando los varios tipos de tabaco – dice mostrándome una mezcla recién terminada -   se crean ligas nuevas o se dotan a las diferentes marcas de una continuidad y de un estilo propio, de manera similar al coupage en los vinos. Además, puesto que las hojas de tabaco son diferentes cada año (porque la temporada puede haber sido más seca o húmeda, más cálida o fría, etc.), la dificultad es realizar siempre las ligas que garanticen las características específicas y distintivas de cada marca y de cada vitola. Es casi imposible hacer que sean exactamente iguales cada año, pero nuestra difícil tarea es que sean más parecidas posible. En la Tabacalera de García, trabajamos para producir y mejorar marcas de renombre mundial, las cuales requieren el máximo cuidado en esta sala de liga, así como durante todas las fases de elaboración. Nuestra gran experiencia y dedicación, junto a un eficiente sistema de control de calidad, nos permiten afirmar, con orgullo, de participar a la creación del cigarro perfecto”.

La composición de la ligada es uno de los secretos más bien guardados de las fábricas. El maestro tabaquero es el depositario de estas recetas secretas y el encargado de controlar el progreso de cada tipo de hoja: solamente cuando alcanzan la perfección, las acepta en el departamento de ligas. Aquí, las cantidades de cada tipo de tabaco (volado, seco, ligero, capa y capote) son pesadas exactamente y cada liga se pone en una diferente caja para pasar algunas horas en una sala de secado, hasta alcanzar el correcto nivel de humedad. Después, las cajas se ponen en otro almacén, donde las hojas, frecuentemente movidas, se quedan desde 3 días hasta una semana ante de ser entregadas a los maestros torcedores (que enrollan los puros) para la elaboración de una cantidad predeterminada de cigarros. (Fin tercera parte).

La Tabacalera, Su Gente: Como Nace el Cigarro Perfecto (4ta y última parte)

Visita Guiada a la Tabacalera de García, en la Zona Franca de La Romana. Es considerada la Fábrica de Puros Premium Más Grande del Mundo: casi 4,000 dependientes y hasta 45 millones de Cigarros Torcidos por Año. Con Antiguos Métodos Artesanales, Produce para Prestigiosas Marcas de Fama Mundial, tales como Motecristo, Romeo & Julieta y H. Hupman, entre otras.

por Flavia Anelli

Dejamos el Departamento de Liga y pasamos a la Sala de Manufactura, el corazón operativo de la Tabacalera de García, donde cientos de torcedores elaboran manualmente los cigarros, enrollándolos según un antiguo método artesanal. “Los instrumentos del torcedor – me explica Candido Rosario, Gerente de esta Área - son muy simples y son siempre los mismos desde hace unos 150 años: una tabla de rolar, una cuchilla (llamada chaveta), una guillotina, unos moldes y una prensa. La carrera de un torcedor comienza con no menos de 2 años de aprendizaje, divido en dos fases. Durante las primeras ocho semanas se aprende a dominar la técnica para hacer un buen cigarro, como, por ejemplo, cortar las hojas, doblarlas, etc. Superada esta primera fase, durante los próximos 6-8 meses, el aprendiz perfecciona sus habilidades de manufactura, al tiempo en que debe ir creciendo con su producción, hasta alcanzar las 350 unidades por día. Sigue su perfeccionamiento hasta los 2 años, para dominar completamente el oficio. Después, los criterios de ascenso son muy rigurosos y pueden pasar hasta 20 años para alcanzar los más elevados grados entre los maestros torcedores. Estos últimos son clasificados según su destreza: los más expertos trabajan las vitolas más grandes”.

“Primero, las manos del torcedor preparan el capote, la hoja central que envuelve la tripa contenida en el cigarro – dice, presentándome una simpática artesana que me saluda amablemente continuando su trabajo. “La tripa se moldea en forma cilíndrica, plisando las hojas como si fuese un abanico (para crear pasos horizontales de aire) y se envuelve con el capote, así formando el tirulo, es decir un puro todavía desprovisto de la capa, la hoja terminal más externa. Esto es un paso de importancia fundamental, del que depende la correcta consistencia y forma del puro. Los tirulos se colocan en unos moldes de madera del tamaño de la vitola deseada y se introducen en una prensa, donde, por algunos minutos, se aplica la presión necesaria para que los puros adquieran forma. De aquí, los tirulos pasan a la maquina succionadora que, simulando una fumada, controla la perfección del tiro y permite eliminar, antes de ser envueltos en la capa, aquellos demasiado flojos o apretados. Después, se ponen otros 3 minutos en la prensa y se dejan reposar por 24 horas mínimo”.

La mesa de trabajo de un torcedor

“La hoja que formará la capa debe ser alisada antes de realizar el corte con que se prepara el vestido final del cigarro” – dice, llevándome a otra área de trabajo. “Por ese corte, el torcedor utiliza la chaveta, una típica cuchilla de origen cubano, o el más rápido y moderno carrito, dotado de una afilada rueda rodante. La precisión del corte es decisiva para lograr un cigarro perfecto ya que se utiliza sólo el centro de la hoja, para que en el exterior aparezca el menor número posible de sus venas. Una vez preparada la capa, el torcedor tiene que enrollarla perfectamente, de forma que quede lo más estirada posible. Se utiliza un pegamento de resina natural para el acabado de la perilla (la parte extrema, de donde se fuma). Al final, se corta el puro con una sencilla guillotina hasta la altura de cada vitola”. Me sorprende la velocidad con que estos artesanos realizan, en pocos segundos, estos perfectos cigarros. “Un torcedor experto puede producir hasta más de quinientos puros por día” – me informa Candido, que trabaja desde hace 20 años en la Tabacalera de García.

Continuando con el recorrido se acerca María Helen Fernández, Superintendente de Control y Calidad; nacida en Cuba, ahí aprendió este trabajo en la fabrica H. Hupman; vive en República Dominicana hace 14 años y desde hace ocho, trabaja en la Tabacalera. “A pesar de algunas mínimas diferencias, la tradición cubana y dominicana se parecen mucho, por la gran importancia que ambas reconocen a la realización rigorosamente artesanal y al control de calidad. El cigarro dominicano, hoy en día, ha conquistado renombre y más mercados mundiales gracias a su altísima calidad, compitiendo valiosamente con la producción cubana” – me dice enseñándome una gran bandeja llena de cientos de cigarros perfectamente iguales e… ¡igualmente perfectos!

Los cigarros terminados e inspeccionados se reponen en un almacén, con temperatura y humedad ideales. Antes de pasar al Área de Empaque, tendrán que quedarse aquí adentro no menos de 25 días. Algunas marcas especiales reciben hasta 3 meses de añejamiento, para que se equilibren la humedad y la temperatura de las tres partes que componen el cigarro. Las cajas que contienen los cigarros Premium son rigurosamente de madera de cedro y son elaboradas en un área de ebanistería de la misma fábrica, donde también son pintadas y decoradas.

Finalmente, llegamos al Departamento de Empaque donde unas expertas obreras clasifican los cigarros por colores degradantes y seleccionan, por cada caja, sólo aquellos que resulten idénticos, controlando ulteriormente la ausencia de imperfecciones. Aquí, encuentro a Víctor Ávila, Gerente de Control y Calidad, desde hace 36 años en esta fábrica; me cuenta que “el control de calidad fundamentalmente se desarrolla durante todas las fases de la elaboración y continuamente, especialmente gracias al trabajo de los supervisores y superintendentes responsables de cada área de trabajo. Por eso, al final de la producción, tenemos un minimo porcentaje de rechazo – entre el 2 y 3% – y podemos garantizar que ¡de nuestra Tabacalera salen sólo cigarros perfectos!” – exclama con orgullo.

Termino así esta experiencia verdaderamente única, que me condujo a conocer un mundo antiguo, rico de humanidad e historia. La Gente de la Tabacalera se parece a una gran familia, en que todos colaboran armoniosamente y cada uno tiene igual importancia con el fin de lograr el mejor resultado final; en La Tabacalera de García, sobre todo, se respira el natural orgullo de su Gente de pertenecer a esta Fábrica – la más grande del mundo – y a su alta tradición.

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